Lent is putting us in touch with and bringing us into closer contact with the depth of “the spiritual” within us. As we cooperate with God’s grace, we find that selfishness and false ambition really can be set aside in our prayer, our study, and our devotional practices. Lent helps us to begin all over again to “dream” our best ideals, planted in us by God. This can renew our conviction that God’s mysterious providence is in effective control of our lives. It offers serenity, even in the face of problems and disappointments, because we can see that God directs everything towards some good. *** A veces, buscamos cosas extraordinarias, y no podemos reconocer lo supremamente extraordinario que tenemos al lado que resulta, por tan familiar, poco “convincente.” Nadie es profeta en su tierra, dice Jesús. Es decir, lo tan familiar y conocido (conocido incluso con sus fallos y con su origen), no puede ser tan bueno. Según sus propios paisanos, el hijo del carpintero, un hombre normal del pueblo, no puede ser el Salvador. Muchos de nosotros buscamos fuera lo que tenemos al lado. O se nos da un signo extraordinario o no nos sirve. Reconocer la presencia de Dios en lo más sencillo puede ser algo difícil… reconocer la bondad de nuestro más prójimo, la verdad que nos puede decir aunque no la esperamos ni acaso queremos creer, es un gran desafío. Demos gracias al Padre hoy y siempre por darnos, durante este tiempo de gracia de la Cuaresma, la oportunidad para transformarnos y para ir creciendo en cercanía a Él y a los demás.