Take a moment today, as a perfect prelude to the coming days of Holy Week, to read John 8, 1-11 (the story of a woman caught in adultery). It is a beautiful story with dramatic power. After reading it himself, St. Augustine remarked, “misera et misericordia” (“misery meets mercy”).
The expression which St. Augustine used symbolizes the meeting of human sin/suffering (misery) with Divine forgiveness (Mercy). Pope Francis used this as the title for his 2016 Apostolic Letter.
For further reflection: the ‘cor’ in the middle of the word misericordia means “heart.” In John 8, the woman’s accusers were relying on logic, but Jesus had a heart. The risk, though, is that if we have only logic and no heart, we are a great danger to ourselves and others. Pope St. Leo the Great said that “Jesus is the hand of God’s mercy stretched out to us. Mercy is God’s kind of justice.”
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Se dice que hoy día se ha perdido el sentido del pecado. Muchos no saben lo que está bien o mal, ni por qué. Es lo mismo que decir – en forma positiva – que se ha perdido el sentido del Amor a Dios: del Amor que Dios nos tiene, y – por nuestra parte – la correspondencia que este Amor pide.
Quien ama no ofende. Quien se sabe amado y perdonado, vuelve amor por Amor. Por esto, el sentido de la conversión y de la penitencia propias de la Cuaresma es ponernos cara a cara ante Dios, mirar a los ojos del Señor en la Cruz, y acudir a manifestarle personalmente nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia. Y como a la mujer de Juan 8, 1-11, Jesús nos dirá: “Tampoco yo te condeno... En adelante no peques más.” Dios perdona, y esto conlleva por nuestra parte una exigencia, un compromiso: ¡No peques más!