A survey was made among school children asking them why they enjoyed reading Harry Potter novels and watching Harry Potter movies. The most common answer was, “Because you never know what’s going to happen next!”
This same sense of intrigue, suspense, and surprise prompted many people to watch all the episodes of the Star Wars movies. The same curiosity encouraged the great explorers like Marco Polo and Christopher Columbus to make risky and adventurous journeys, and today prompts adults to binge-watch a variety of streaming options.
Recalling the Feast of the Epiphany on Sunday, this is the same curiosity which led the Magi to follow the star of Bethlehem, a suspenseful journey because the Magi never knew on what road the Spirit of God was going to take them down next. Are we capable of having the same curiosity which children, explorers, and movie fans have? Are we willing to dedicate some time each day to discovering the “epiphany moments" (the manifestations and self-revelations of our God) in every person and every event – everywhere?
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La Fiesta de la Epifanía se mueve entre la universalidad y la amenaza. La historia de los magos de Oriente que llegan hasta Belén para adorar al niño siguiendo una estrella misteriosa que les guía hasta el mismo pesebre, por ejemplo, es la forma que tiene el Evangelista San Mateo de decirnos que el niño recién nacido, Jesús, trae consigo una Buena Nueva de salvación que no es sólo para los judíos sino para todos los hombres y mujeres del mundo.
La tradición ha hecho, con muy buen tino, que cada uno de estos magos sea de una raza diferente. Así se expresa mejor esa universalidad del mensaje cristiano: Dios ama a todos sin distinción. Todos somos hijas e hijos suyos (independiente de que lo sepamos, lo creamos o lo aceptemos).
Los Magos adorando al niño nos invitan también a nosotros a adorar, a reconocer que lo que nos viene en ese Niño nos abre a un futuro mejor para todos: más fraterno y más justo, allí donde nadie quede excluido ni marginado. Los Magos adorando al Niño nos invita a comprometernos en nuestra vida a hacer realidad ese Reino, donde los niños – es decir, los más débiles, los más vulnerables – ocuparán el centro y tendrán el primer puesto.