The Old Testament Scriptures (like Isaiah 58, 1-9) recount how our Jewish ancestors sometimes practiced a religion that was not really aimed at pleasing God, but aimed at pleasing themselves. Their ritual observance could easily devolve into a merely traditional or habitual activity, and especially something they did for themselves. Even on the days when they fasted, they ended up arguing and fighting, self-righteous and disunited.
Today, we too can fall into this bad habit, forgetting that kindness, understanding, and charity (i.e. loving service, as prescribed by Jesus), are at the heart of this holy season. In the past, many saw the limit of “walking with God” in terms of the minimum needed to get by. Today, many see the journey of life, “walking with God” as something that is fulfilled in a one-day-a-week commitment, by attending church. And some will do this only if the Mass or service is held at a time that caters entirely to their personal preferences.
We become so wrapped up in our own concerns, that there is hardly time for conversing with God our Maker. Can we allow Ash Wednesday’s invitation to echo in our ears and penetrate our hearts? “Turn away from sin and be faithful to the Gospel.”
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En este tiempo santo de Cuaresma, muchos católicos a menudo se preguntan a qué deberían “renunciar” durante los cuarenta días. Los sacrificios de Cuaresma pueden ser valiosos si ayudan a aumentar nuestra confianza en Jesús y si el vacío que creamos al renunciar a algo abre espacio en nuestros corazones para que Dios lo llene.
Así como consideramos qué debemos abstenernos durante la Cuaresma, también deberíamos considerar qué podemos comprometernos a hacer. ¿Qué acciones externas podemos llevar a cabo para encender mejor la llama de nuestra fe en nuestro interior?
Hay tres pilares clave que caracterizan el tiempo de Cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna (caridad). La Iglesia nos dice que durante la Cuaresma, “buscamos al Señor en la oración leyendo la Sagrada Escritura; servimos dando limosna; y practicamos el autocontrol a través del ayuno.” Si bien la mayoría de los católicos están familiarizados con la regla de “no comer carne los viernes” durante la Cuaresma, el ayuno y la abstinencia son componentes importantes. Esto puede consistir en dejar de lado cosas como los chismes, el café que más nos gusta o dejar de escuchar música en el auto y reemplazarla por la oración. La limosna nos recuerda el llamado de Jesús a servir y nos conecta en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas necesitados. Y por último, lo más obvio: la oración, una conversación constante con Dios.