In the words of the Catechism of the Catholic Church: “The Resurrection of Jesus is the crowning truth of our faith in Christ, a faith believed and lived as the central truth by the first Christian community; handed on as fundamental by Tradition; established by the documents of the New Testament; and preached as an essential part of the Paschal mystery along with the Cross…” (CCC # 638). As St. Paul put it, “If Jesus Christ did not rise from the dead, then the Church is a fraud and faith is a sham. But if Jesus really did rise from the dead, His message is true!”
Without the Resurrection, Jesus would have remained forever a good person who had met a tragic end. People would remember some of His teachings, and a handful of people might try to live according to them. All the basic doctrines of Christianity, though, are founded on the truth of the Resurrection. The central theme of the preaching and teaching of the Apostles was: “Jesus is Lord; He is risen!” (Romans 10, 9). It remains the central theme of everything that is Catholic – let us rejoice and be glad!
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¡El Señor ha Resucitado! ¡Aleluya!
En los Hechos de los Apóstoles (10, 34-43, por ejemplo), podemos ver los esfuerzos de los primeros cristianos por compartir con todos su experiencia de la Resurrección de Cristo, de una manera simple y atractiva. San Pedro (en Hechos 10) nos presenta una especie de “credo,” un anuncio de lo esencial del mensaje del Reino. Se cuentan los inicios de la misión de Jesús y el sentido de su tarea para los pobres.
Además, se subraya la tarea de la comunidad y su desarrollo posterior como prueba de su Resurrección. Toda la vida de Jesús se ha juntado en esta charla que está hecha para enseñarle a los nuevos cristianos cómo la tarea del Maestro de Galilea sigue en la obra del grupo. No se trata de una filosofía, ni de una ideología, ni de un código moral detallado. Se trata del anuncio de los acontecimientos que acabamos de celebrar en la Semana Santa: la vida de Jesús de Nazaret, desde Galilea hasta Jerusalén; su predicación y sus milagros como signos de la misericordia de Dios; su muerte en la Cruz y su Resurrección de entre los muertos, de la cual los Apóstoles han sido constituidos testigos fidedignos.
A sus oyentes, y a nosotros hoy, San Pedro exhorta a creer en Jesucristo para obtener la salvación. Este es el contenido fundamental de nuestra fe, que todos debemos testimoniar gozosamente con nuestra vida y con nuestras palabras. ¡Aleluya!