Mount Calvary sets in consoling relief the experience of all who suffer today. Some suffer because of physical pain or the emotional trauma of significant loss or persecution or even the prospect of imminent death. The human Jesus, struggling to come to terms with the reality of His predicament, echoes every human experience of suffering and of loss. His journey to the Cross and His death show us the complexity and confusion of emotions that attend all those whose lives are touched by pain and loss and death.
All of us who either carry a Cross today or stand with Mary at the foot of the Cross, will sense something of the complexity of emotions that were present on Mount Calvary. All of us who struggle to make sense of what seems to be senseless will find an echo of our pain in the sufferings of Jesus and the pierced heart of His Mother. And yet, the Lord continues to save and to heal and to comfort. We dare not forget that.
Contemplating Jesus on the Cross today and His Mother’s faithfulness reminds us that, in our present frailty and weakness, we remain blessed and we still carry the saving power of God.
An old Irish saying: “Kiss the Cross on Good Friday, not for God’s sake but for your own.”
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Creyentes y no creyentes, vivimos en el mismo mundo y compartimos los mismos problemas, sobre todo estas guerras absurdas, persecuciones, y abusos traídos por el gobierno. Cada uno tratará de encontrarle sentido a estas pruebas a partir de sus convicciones o considerará simplemente que son unas manifestaciones más de la falta de sentido de la vida. Para los creyentes, el Señor Crucificado constituye el centro de nuestra fe, hecho escandaloso que no debemos traicionar silenciándolo. Nosotros creemos que participando en su Pasión tendremos parte también en su Resurrección y, por eso, hay esperanza.
Hoy escuchamos de nuevo la historia de su Pasión. San Juan cuenta más o menos los mismos hechos que San Mateo, que escuchábamos el Domingo de Ramos, pero en una perspectiva diferente (Jn 18,1 - 19,42). Aquí no tenemos ya al justo sufriente, sino al Señor exaltado en la Cruz, que reina sobre el mundo, y reparte sus dones. Pero su poder es el del servicio, el de dar la vida a favor de los demás.
En la narración de San Juan, Jesús ya no es simplemente la víctima pasiva y silenciosa, sino el protagonista que maneja los hilos de toda la trama. En el Huerto de los Olivos, por ejemplo, sus enemigos caen por tierra, simplemente al escuchar su voz. Sólo cuando Jesús se lo permite, para que se cumpla la Escritura, lo pueden prender. El proceso ante Pilato, por otro ejemplo, muestra que Jesús es Rey, es decir, el Mesías esperado por Israel, pero rechazado ahora por el pueblo y sus autoridades. Jesús es condenado por ser testigo de la verdad, de la verdad de Dios, y de la verdad del hombre. La verdad es siempre incómoda pero se abre siempre camino. También, la Iglesia está al servicio de la verdad, no para usarla como instrumento arrojadizo contra los adversarios, sino para que ésta se abra paso en el corazón de todo persona que busca el bien, la verdad, y la belleza.