El 19 de marzo, hospitalizado en el Gemelli, el Papa Francisco dirigió a la Iglesia un hermoso mensaje: “Queridos hermanos y hermanas, la esperanza en Dios no defrauda, porque Él, como nuestro Buen Pastor, guía cada paso de quien se confía a Él. El mundo necesita personas que sean peregrinos de esperanza, valientes en dedicar su vida a Cristo, y llenos de la alegría por el hecho mismo de ser sus discípulos-misioneros.” De cada uno se puede decir: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra." (Hechos 13,14. 43-52)
El descubrimiento de la propia vocación se produce en un camino de discernimiento. Este proceso nunca es solitario, sino que se desarrolla en el seno de la comunidad católica y junto con ella. El silencio en la oración es indispensable para “leer” la llamada de Dios en la propia historia y responder con libertad y de manera consciente. El recogimiento permite comprender que todos podemos ser “peregrinos de esperanza” si hacemos de nuestra vida un don, especialmente al servicio de quienes habitan las periferias (márgenes) del mundo. Quien se pone a la escucha de Dios, el Buen Pastor, no puede ignorar el clamor de tantos hermanos y hermanas que se sienten excluidos, heridos o abandonados.
***
Nuestro Buen Pastor nos conduce a las fuentes de agua vida, que son el Espíritu de Dios. Le damos gracias porque nos ha salvado y nos alimenta con su propia Vida, con su Palabra, y con su Cuerpo y Sangre. Felicitaciones a todos los jóvenes de nuestra parroquia que comulgaron por primera vez el sábado por la mañana.